NO SE PIERDAN LAS PREDICCIONES DEL 2017 POR SOLANGE

 

EL HOMBRE QUE FUE A PEDIR SU PARTE A DIOS

Un hombre muy desgraciado se preguntaba un día que había hecho Dios, justo y bueno, con su parte de felicidad, y resolvió que lo iría a ver y se la reclamaría. Dicho y hecho se puso en camino.
Llegando a un pueblecillo pidió hospitalidad en nombre de Dios a una mujer que le dijo que su marido había matado ya a noventa y nueve personas, y el corría el riesgo de ser el número cien. De todas formas ocultó al viajero en un cobertizo fuera de la casa, tras haberle dado de comer.
Una vez vuelto su esposo le contó la mujer lo que había pasado, pero le suplico que no matase a aquel viajero que había partido para reclamar a Dios su parte,. El marido lo prometió, hizo que le trajera al viajero a su casa y lo trató con generosidad durante tres días, después de lo cual le encargó decirle al Señor que si bien había matado a noventa y nueve hombres a él no le había hecho daño alguno, y que imploraba su perdón. El viajero acepto dar aquel recado.
Después llego a un bosque donde había un ermitaño que vivía en penitencia, y a quien cada noche, mandaba Dios alimento milagrosamente.
El ermitaño invitó al viajero a compartir la cena, que aquella noche resultó estar compuesta de dos platos, enviados como siempre, por el cielo.
Como uno de los platos era más refilando que el otro, lo comió el ermitaño.. dejando el menos bueno para el huésped. Cuando este le dejó, a la mañana
siguiente, el ermitaño le encargó que le preguntara a Dios que lugar le reservaba en el más allá después de la muerte.
El viajero llego hasta un desierto en el que distinguió a un hombre de delgadez extrema, completamente desnudo, que se escondía en un agujero cavado en la tierra. Le preguntó al peregrino cual era su destino, y enterado, le pidió que le dijese a Dios que aquel que no tenía otra cosa para cubrirse más que arena le enviaba decir que estaba dispuesto a aceptar una desgracia más, proclamando esto con aire desafiante.
Finalmente el viajero terminó por encontrarse con un ángel de que le preguntó a donde iba, y que le informo que al había encargado Dios dar a cada hombre lo suyo. El se encargaría de pedir las respuestas. El hombre respondió que había venido a pedir su parte, pues no había recibido nada en este mundo. En cuanto a aquellos que había encontrado, uno era un hombre, que habiendo matado a noventa y nueve le había dado hospitalidad y solicitaba el perdón de Dios.
El segundo era el ermitaño, el tercero era el solitario
que vivía en un agujero del Sahara.
El ángel partió como el rayo y volvió con las respuestas:
"El que mató pero está arrepentido está perdonado. El ermitaño que tomó para si los mejores trozos, no le sirven de nada sus mortificaciones anteriores. En cuanto al que desafía a Dios que le envié unas desgracias más, tú mismo podrás juzgar. A ti, por último, Dios te concederá tu parte. "
A su vuelta el viajero vio al hombre desnudo: ya ni tenía arena para vestirse.
Transmitió las respuestas celestiales al ermitaño y al asesino, volvió a su casa y a partir de entonces fue feliz.
"Dios, a quien no gustan la rebelión ni la presunción, es por excelencia el que perdona y ama. y solo él puede dar la felicidad o la desdicha"

                                                                            (Contes Kabyles)


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SON LOS DESEOS DE MARIO Y SOLANGE